martes, 23 de octubre de 2012

Anochecer en el alma

Se acercan momento de miedo, dudas y temor. La oscuridad se está adueñando de mi corazón y mi alma no puede resistir más las ansias que tiene de dejar salir todo lo que lleva acumulando desde hace más de 7 años. Me gustaría poder ver el futuro y calmar mi mente de cualquier pesadilla que me atormente. En sueños las ilusiones me rodean y mi corazón llora ante situaciones en las que le gustaría demostrar la valía que el se alberga. Lo único que veo es que soy un cobarde que busca atacar desde las sombras. No soy victima nada más que de mi mismo. Ya que el destino es algo que uno mismo se forja y yo he decidido entrar en un bucle infinito en el que la búsqueda de mi propio placer me impide buscar la luz en esta soledad. No quiero dejarme ayudar solo quiero huir a la soledad y dejar escapar mi vida anterior. Quiero llorar lagrimas de verdad y confesar mi pena. Dejar salir la oscuridad que me alberga y que el sol me toque sin sentir pena ni temor de mi mismo. Necesito enfrentar la vida sin miedo, sin aparentar ser un pobre diablo y superando los obstáculos que en ella aparecen.

Siento que mi alma se afasia de tanto querer complacer, de tanto someter mi vida a la de otros y dejarme llevar y dirigir por unas riendas que me hacen daño y dejan marcas. En mi prisión he dejado de contar en la pared con una tiza el tiempo de mi cautiverio. Pffff... Todo es igual amanece y anochece sin que cambie el escenario.

Desde hace tiempo vea cruzar por la celda luces que pasan o pasaron este castigo. Los que lo pasan están peor que yo porque no son capaces de enfrentarse a su propio miedo, es más no pueden ni verlo, y buscan la felicidad en la culpabilización del mundo. Los que lo pasaron me ofrecen sus consejos y me dan un poco de esa brillante luz que los ha hecho salir de aquí. La mirada de esas almas me dan mucho más que una sonrisa, ya que me permiten ver por donde han pasado y por donde pasarán.

El túnel de la desesperación se me presenta oscuro y frío, de forma que en la más absoluta soledad me he acostumbrado a cantar una dulce serenata mortal. Los muertos vienen a consolarme con sus recuerdos y los vivos no se lo que me ofrecen: unas veces son dudas, otros miedos, otros esperanzas y otros dolor; pero nadie me ofrece la chispa del amor. Mis cabellos encanecen a la luz de la luna, una luna que acompaña mi historia día tras día, hora tras hora, minutos tras minuto y segundo tras segundo. Hasta que mi cuerpo exhale su ultimo suspiro y me una a aquellos que me acompañarán en los siglo venideros.

Un mensaje a todos aquellos que entréis en este pozo de negrura: salid antes de que vuestros anhelos sean machacados y destrozados por aquellos que no conocen el respeto en este mundo venidero. Todavía albergo esperanza en lo más profundo de mi corazón, para poder alcanzar la bien hallada redención.

2 comentarios: