Estoy feliz de volver a sentir, volver a reír y, en definitiva, volver a vivir. Mi cuerpo se está acostumbrando a las vacunas de la desesperación, que entran en mi cuerpo dejándolo todo violento.
No estoy preocupado por el futuro, sinceramente concluyo que no quiero sufrir por algo que es indefinible en cuanto al tiempo.
Mareas de soledad llegan cada día trayendo ante mi el recuerdo de todos aquellos rostros que a mí me dan su esperanza. Siento el vigor, la fuerza y la alegría de aquellos que me esperan. No os rindáis, no os detengáis. Traed la esperanza ante mis ojos, poned esa esperanza en mis manos y lucharé. Demostraré que fui entrenado para ganarme el momento presente.
La rectitud y pureza de vuestras oraciones alejan de mi esa mente maligna que se empeña en arrasar esta luz de esperanza que habita en nuestros corazones. Me siento armado de valor para llevar a cabo esta insidiosa tarea, lleno de esperanza porque creo en el poder de vuestros corazones y tengo la certeza de que estamos unidos por un lazo que trascenderá la misma muerte.
Por todas estas razones sé que no he cometido ningún mal por el cual me tenga que ganar el perdón de los perdones. Mi alma está llamas de vigilancia, que se mecen al viento de este momento que estoy viviendo, ya que no hay duda en esta agitada batalla.Ardo por dentro como un ave fénix surca los cielos o como un meteoro en el firmamento, listo para quemar y derretir el hierro mas duro de las dudas que el mal me pueda lanzar.
Querido mal es el momento de que te des cuenta que no tienes más poder que ejercer sobre mí. Estoy protegido por 3 círculos sagrados que giran con fuerza por mantenerte lo mas alejado que se pueda: el de la sangre que viene innato, el del corazón que trae la oración de aquellos que ansían mi redención y, por último, el de mi propia fuente de ignición que es mi alma dando su máximo fulgor.
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