domingo, 7 de abril de 2013

Ritual

Todo en la vida tiene su encanto
y todo en ella conlleva el entusiasmo.
Cuando la primavera llega y los corazones caldea,
así camina la vida por la senda de la esperanza.
Siento en mi el tañido febril de algo que está por ocurrir,
pero no entiendo que es esa sensación que me embarga de esta sin razón.
Miro durante un rato el infinito y mi mente viaja por el eterno vacío,
siento acelerarse mi pulso y tengo ganas coger y correr por el mundo sin ningún rumbo fijo.


Ahora me miro y me doy cuento del extraño que hay en mi,
no se quien soy, no se que hay en mi mente,
tormenta es lo que mi alma aconseja,
como el mar cuando el fondo se levanta y nada claro se ve hasta donde la vista alcanza.

Temo estas turbulencias, temo esta desazón, temo este extraño que habita en mi interior.
Rezo a la Gran Madre pero no se que pedir, rezo al Gran Padre pero no se adonde acudir.
Es un mar de confusión, que me aleja de toda costa y destruye toda mi valía y ambición.

Me gustaría llorar pero hace años que ese sentimiento se alejo de mi corazón.
Me gustaría entregar mis penas a la mar para que se esparzan cuan cenizas se marchan en este turbio huracán que ahogan mis penas en esta, mi maltrecha alma.
Me gustaría levantar los ojos hacia el infinito y encontrar una isla en mi destino donde mi corazón sane y mis pertrechos se relajen.

Al menos doy gracias por sentir esta agonía que acontece en mí.

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